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  • danimunozgoet

La esencia de la Yoga

Cuando comencé a practicar yoga Kundalini, el año 2001, venía con una carga emocional bien intensa. Tenía un bebé de 1 año, sin trabajo y con una salida brusca y dura de la casa de mis padres. Sumaba una depresión post parto que llegó de forma tardía y no se iba, y dolor de espalda baja que me impedía dormir. En mi carpeta de "pendientes", la tesis para titularme de Médico Veterinaria. Y por supuesto, tratando de criar y trabajar de alguna forma, atendiendo con flores de Bach, Reiki, todo lo que surgiera. La idea de hacer yoga fue una sugerencia de un amigo, y el estilo a elegir, fue intuición.

Lo primero que noté fue el alivio en el dolor de espalda. Luego, dormir mejor. Luego, terminar la tesis. Y ya no hubo vuelta atrás. La yoga ha estado presente sosteniendo mi vida desde ese momento. Como decimos en Kundalini, "Tú te encargas de sostener tu práctica y la práctica te sostiene a tí", y eso ha sido real para mí, 100%.


Muchos pensamos en un principio que la yoga es una forma para estirar músculos, elongar, estar tranquil@, respirar y "dejar la mente en blanco". Algunos no logran trascender de esa primera impresión, y está bien. Los efectos de la yoga no dependen de que "creamos" en ellos. Y por cierto, no es una creencia, es una experiencia. Y por ende, cualquiera sea nuestra experiencia, es válida.

Pero entonces, ¿qué es realmente lo que estamos haciendo cuando hacemos yoga? No es una respuesta de una frase. Es mucho más completo que eso. Pero si pudiera ponerlo en fácil: nos estamos volviendo atentos. Nos volvemos atentos a lo que somos, cada uno, con todo lo que eso significa. Y ¿para qué? ¿Para qué atentos? Para darnos cuenta. Para VER todo lo que dejamos debajo de la "alfombra". Y, la pregunta sería, ¿para qué querríamos ver lo que dejamos debajo de la alfombra? Seguro no está limpio ahí abajo. Seguro no huele bien, no se ve bien. Y bueno, si no veo la mugre ahí guardada, ¿cómo voy a saber si tengo que limpiar o no? Y si no me interesa limpiar, podría decir alguien, ¿para qué mover la alfombra siquiera? ¿Alguna vez has olido una alfombra sucia, que lleva años en el mismo lugar, que nunca se ha lavado o sacudido, donde han pasado mascotas mojadas, niños aprendiendo a no usar pañales, zapatos con barro, se han caído platos con comida, floreros con agua estancada, y mucho, mucho más? Seguro que si no limpias, tarde o temprano el olor va a impregnar lo que está abajo, y ya es cada vez más difícil deshacerse de él. Lo peor es que al principio, cuando recién empiezas a sentir un olor raro en la casa, lo último que piensas es en la alfombra. Derrepente tienes alergias, te resfrías todos los años, y así. Cuando sospechas de la alfombra, te encuentras con todo un ecosistema de gérmenes. Fumigar la casa, cambiar la alfombra o lo que hay abajo si ya está podrido. Es harto más caro que limpiar la alfombra de vez en cuando, ¿cierto?


Con la yoga hacemos la limpieza, sacamos de a poco, y a nuestro ritmo, aquellas conductas, creencias, recuerdos traumáticos, definiciones o carteles que tenemos de nosotros mismos o los demás, y vamos permitiéndonos ser flexibles, ser distintos si así lo queremos o si lo necesitamos. Soltamos aquello que traemos encima, cosas que aprendemos desde temprana edad, y que son cargas pesadas que nos agobian y no nos permiten ser quienes somos realmente.


Entonces yoga no tiene mucho que ver con alcanzar la postura perfecta, o verse bien haciéndola, o tonificar musculatura o hacer acrobacias circenses y mucho menos alimentar la competencia entre los que pueden tocar la oreja con el dedo gordo del pie y los que no.


Los yoguis originales se retiraban del mundo, subían la montaña más cercana o se adentraban en un bosque, hacían su práctica y se sentaban a meditar hasta alcanzar lo que se conoce como Iluminación. Ciertamente no tenían un mat de yoga, ni ropa especial, ni tomaban el batido detox en el café de moda, sino que buscaban tener su cuerpo lo más apto posible para permitirles lograr el estado en el cual trascender el sufrimiento humano. Cualquier otro distractor significaba seguir apegados a dicho sufrimiento.


Y creo que ese es un objetivo en común que tenemos con los antiguos yoguis. Entendemos y vivimos una existencia plagada de distintos formatos de sufrimiento y buscamos con montones de estrategias al menos sufrir un poco menos. Moldeamos nuestra psiquis con disciplina o indulgencias, con hábitos y conductas, y vamos a ensayo y error creando nuestra realidad. Con la yoga nos damos la opción de volvernos atentos para modificar lo que sea que está bajo nuestro dominio, para tener la alternativa de moldearnos y así sufrir un poco menos.


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